
En el suspiro de los ojos cuando contemplo el silencio de lo que no sé decir, en la nubosidad de nuestros pies desnudos por la tierra, en la inmensidad de la altura de la mirada de los cuerpos, en la distancia del puñal que nos mantiene vivos, en la enfermedad del calor, en el fluir de nuestra humedad, en la cercania de nuestra soledad,
de nuestra soledad compartida por esta maldita agonia de soñar.